Error 543

Seguro que todos conocemos algunos de los errores numéricos de HTTP. El típico es el 404 (no encontrado) aunque hay muchos más. Últimamente, situándose entre la protesta y la necesidad, se ha aprobado la propuesta de un nuevo error: se trata del error 451, no disponible por razones legales. La idea es que los servidores emitan este error en los casos en que se han visto obligados a dejar de ofrecer un recurso como consecuencia de una orden judicial o administrativa, indicando así la presencia de la censura. Se eligió el 451 como homenaje al libro Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, en que se muestra una sociedad alienada donde leer es delito. 451 es, según el libro, la temperatura en Fahrenheit a la que arde el papel.

La idea no está mal. Tiene su gracia, y seguramente nos haga a todos un poco más conscientes de la presencia de la censura en Internet. Al margen de mis reservas al maximalismo de la libertad de expresión que conlleva,1 sólo tengo una crítica: es una buena idea para los anglparlantes, que saben de que va el asunto, pero a muchos de nosotros nos dejaría fuera. Por eso, al estilo de Jonathan Swift, tengo mi propia modesta propuesta.2 Es necesario recurrir a la l10n (localización) al emitir este error, para adaptarlo a las idiosincrasias culturales y nacionales. Para España, propongo utilizar el error 543.

¿Por qué 543?

Aunque pueda parecer así, lo del 543 no lo he elegido al azar, ni porque sean números en orden descendente. Sale directamente de Nuestro código penal:

Artículo 543
Las ofensas o ultrajes de palabra, por escrito o de hecho a España, a sus Comunidades Autónomas o a sus símbolos o emblemas, efectuados con publicidad, se castigarán con la pena de multa de siete a doce meses.

Se podría decir que si el 451 es la temperatura en Fahrenheit a la que arde el papel, el 543 es el artículo en el código penal en el que se acaba la libertad. Se podría decir, pero tampoco sería del todo exacto. La verdad es que a la hora de elegir el número del error, hay bastantes alternativas, y cuesta decidirse. Por ejemplo, tenemos el artículo 504,3 apartados 1 y 2, que prohíbe respectivamente las injurias a las altas instituciones del estado, y a las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad. Pero también podríamos decantarnos por el 525.1,4 que prohíbe el escarnio de los dogmas, creencias, ritos o ceremonias religiosos. En plan más aristocrático tenemos los 491 y 490.3,5 sobre injurias a la Corona. La verdad es que nuestro legislador nos lo pone difícil.

La razón que me hace decidirme por proponer el 543 es que, desde el punto de vista normativo, es una verdadera rareza: una norma que incurre en lo que intenta prohibir. ¿Acaso hay mayor ultraje a España que imponernos estas leyes reaccionarias más propias del antiguo régimen? (No, ni siquiera me refiero al franquista, sino al feudal.) Esta tutela odiosa que pretende que los españoles somos a la vez tan delicados y tan perversos que no podemos oír, pero tampoco evitar decir, cosas malas de nuestro país, es tan ridícula como infantil. Si algo tiene de bueno el ser español, tiene que ser lo seguros que estamos de lo mal que lo hacemos todo.

¿Cómo se usa el error?

Pues es muy sencillo. Se instruye al servidor web que, cuando vaya a transmitir algún recurso que contenga algún atisbo de verdad sobre las Españas, se abstenga de hacerlo y genere el error 543. Después de todo, más vale ser precabidos. Tal como están las cosas, no es plan de arriesgarse a alguna multa administrativa o judicial por pasarse de listos. Como en las normas europeas sobre productos químicos, conviene utilizar el principio de cautela.6 Pero sería una pena, sobre todo en estos tiempos de crisis, no sacarle el máximo partido a un recurso tan versátil como este. De hecho, se me ocurre que sus efectos beneficiosos son tan grandes que no lo debemos desperdiciar. Por ejemplo:

  1. Reducción del crimen.
  2. Promoción de la cultura jurídica en la población lega.
  3. Compresión de datos.

Estas consideraciones me llevan a proponer su utilización en situaciones de la vida diaria, fuera del campo de los mensajes de error de HTTP.

Café para todos.

Pero ya puestos a ello, lo mejor es aceptar soluciones plurales. Después de todo, plurales son las formas en que el legislador restringe nuestras libertades, y por consiguiente plurales deberían ser nuestras respuestas. A continuación incluyo algunos ejemplos de como poder utilizar estos errores en el día a día. Expuesta la teoría, conviene demostrar la práctica:

Sobre la monarquía:

  1. ¿Que te parece que el rey haya dicho que la justicia es igual para todos?
  2. Pues que quieres que te diga... 490.3.
  1. 4 millones de parados y esos viviendo como Dios en la Zarzuela.
  2. Esos son unos 491.1. Una pena que no tenga remedio.

Altas instituciones y fuerzas armadas:

  1. Ya ves, nos dijeron que llevábamos los derechos humanos a Irac, pero llevamos la tortura.
  2. Lo mejor es eso que llaman justicia militar. Mucho 504.2 por el mundo.
  1. El tribunal constitucional mucha prisa con lo de Cataluña, pero para la ley mordaza, nada de nada.
  2. Es que para llegar ahí hay que ser un 504.1.

Religión:

  1. Es alucinante lo que creen algunas personas: el pan se convierte en carne de Dios.
  2. Pues imagínate al salir por el otro lado, se convierte en 525.1.

Conclusión.

¿Que te parece un país en el que hay que escribir un artículo como este?

543.


  1. Personalmente no creo que toda regla sobre la expresión sea igual de condenable. Es cosa distinta el proteger el honor de las personas, o su propia imagen, por ejemplo en los casos de exnovios que publican fotografías o vídeos comprometedores en venganza, que prohibir la controversia política o religiosa. 

  2. Jonathan Swift escribió su Modesta Propuesta, una obra satírica en que ofrecía como solución al hambre en Irlanda que se comiesen a los bebés. Por si no quedara claro, esta propuesta, igual que la de Swift, está escrita en clave de humor, pero igual que la de Swift, también es un toque de atención. 

  3. Artículo 504
    1. Incurrirán en la pena de multa de doce a dieciocho meses los que calumnien, injurien o amenacen gravemente al Gobierno de la Nación, al Consejo General del Poder Judicial, al Tribunal Constitucional, al Tribunal Supremo, o al Consejo de Gobierno o al Tribunal Superior de Justicia de una Comunidad Autónoma.
    [...]
    2. Los que injuriaren o amenazaren gravemente a los Ejércitos, Clases o Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, serán castigados con la pena de multa de doce a dieciocho meses.

  4. Artículo 525
    1. Incurrirán en la pena de multa de ocho a doce meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican.

  5. Artículo 490
    3. El que calumniare o injuriare al Rey o Reina o a cualquiera de sus ascendientes o descendientes, a la Reina consorte o al consorte de la Reina, al Regente o a algún miembro de la Regencia, o al Príncipe o Princesa de Asturias, en el ejercicio de sus funciones o con motivo u ocasión de éstas, será castigado con la pena de prisión de seis meses a dos años si la calumnia o injuria fueran graves, y con la de multa de seis a doce meses si no lo son.

    Artículo 491
    1. Las calumnias e injurias contra cualquiera de las personas mencionadas en el artículo anterior, y fuera de los supuestos previstos en el mismo, serán castigadas con la pena de multa de cuatro a veinte meses.
    2. Se impondrá la pena de multa de seis a veinticuatro meses al que utilizare la imagen del Rey o Reina o de cualquiera de sus ascendientes o descendientes, o de la Reina consorte o del consorte de la Reina, o del Regente o de algún miembro de la Regencia, o del Príncipe o Princesa de Asturias, de cualquier forma que pueda dañar el prestigio de la Corona.

  6. Excepto cuando le conviene a la industria del automóvil, que para algo manda Alemania. Lo triste no es tanto que mande Alemania, como que el PSOE obedezca, sin cuya abstención no se habría aprobado un límite de contaminación más permisivo para los coches. 

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